En el corazón de nuestra blanca ciudad, cruzando el histórico Puente Grau, se encuentra un refugio para el arte y la memoria: la Casona Texao. Como Punto de Cultura reconocido, nuestra misión siempre ha sido tender puentes entre las diversas manifestaciones artísticas de nuestro Perú. Hoy, queremos dedicar este espacio a un símbolo que, aunque nació en las tierras altas de Puno, ha encontrado un hogar en los techos y corazones de todo el sur peruano: el Torito de Pucará.
Esta pieza de cerámica, rebosante de color y misticismo, no es solo un adorno. Es un guardián, un amuleto y un testimonio vivo de nuestra identidad andina. En la Casona Texao, tenemos el honor de contar con la presencia de Diego Ayamamani, un artista que trae consigo la esencia misma de Pucará para enseñarnos que moldear la arcilla es, en realidad, una forma de moldear nuestra propia historia.
El origen de una leyenda de arcilla
Para entender la importancia del Torito de Pucará, debemos viajar imaginariamente a la provincia de Lampa, en Puno. Históricamente, este símbolo tiene sus raíces en el proceso de sincretismo cultural tras la llegada de los españoles. El toro, un animal desconocido en los Andes prehispánicos, fue introducido y rápidamente asimilado por la cosmovisión local.
Originalmente, los artesanos de la comunidad de Chepa Pupuja creaban estas piezas como parte de rituales de marcación de ganado. Sin embargo, con el tiempo, la figura se transformó. El toro español, fuerte y vigoroso, se fusionó con la espiritualidad andina, convirtiéndose en un ser sagrado que mediaba entre el mundo de los hombres y las deidades de la tierra.
Pucará, conocida como la «Tierra del Toro», se convirtió en el epicentro de esta tradición. Es aquí donde nació Diego Ayamamani, nuestro maestro residente, quien creció respirando el aroma de la tierra mojada y el calor de los hornos de leña. Para Diego, el torito no es un objeto de exportación, sino un integrante más de la familia que debe ser tratado con respeto y cariño.
Simbolismo: Más allá de la decoración
Cuando observamos un Torito de Pucará, cada detalle tiene un propósito. No hay trazo al azar ni color que no guarde un secreto. Tradicionalmente, se colocan dos toritos en los techos de las casas, acompañados de una cruz. Esta dualidad representa la armonía, el concepto andino del «Yanantin» o el equilibrio entre opuestos complementarios: hombre y mujer, sol y luna, cielo y tierra.
Protección y prosperidad
El torito es, ante todo, un protector del hogar. Se cree que su presencia resguarda a la familia de los malos espíritus y de las desgracias. Pero su función no termina ahí; también es un símbolo de fertilidad, no solo referida a la descendencia humana, sino a la abundancia de las cosechas y la salud del ganado.
Los rasgos que cuentan una historia
Si miramos de cerca la fisonomía de la pieza, notaremos elementos fascinantes:
- El agujero en el lomo: Representa la conexión con lo divino y se utilizaba originalmente para verter chicha o vino durante las ceremonias de «pago a la tierra».
- La lengua afuera: Es un signo de sed y de la necesidad de lluvia, un llamado constante a la naturaleza para que no falte el agua.
- Los ojos grandes y saltones: Simbolizan la vigilancia y el estar siempre alerta ante cualquier peligro que aceche a la familia.
- El asa o asa-puente: Representa la unión entre el mundo terrenal (Kay Pacha) y el mundo celestial (Hanan Pacha).
El arte de Diego Ayamamani en Arequipa
Traer a un artista de la talla de Diego Ayamamani a la Casona Texao ha sido un regalo para la comunidad arequipeña. Diego no solo enseña una técnica; él comparte una herencia. Sus manos, curtidas por el trabajo constante con la arcilla, se mueven con una destreza que parece coreografía.
En sus talleres, Diego explica que el «estilo Pucará» se distingue por su ornamentación recargada, con flores y espirales que representan la vida y el ciclo infinito del tiempo. Trabajar con él es aprender que la artesanía peruana es una forma de resistencia cultural que se niega a desaparecer frente a la producción industrial.
Una experiencia para el alma: El taller en Casona Texao
Nuestros talleres de pintado y creación de Toritos de Pucará han transformado la dinámica de nuestra casona. No se trata de una clase de artes plásticas convencional; es un espacio de encuentro. Como bien dice Diego: «No es solo pintar, es liberar y compartir».
Para los más pequeños
Los niños que asisten al taller descubren un mundo nuevo. Lejos de las pantallas, sus manos se ensucian de arcilla y sus mentes se abren a las historias de nuestros antepasados. Para ellos, es un ejercicio de motricidad y creatividad, pero también una lección temprana de amor por lo nuestro. Ver a un niño pintar su propio guardián con colores vibrantes es ver cómo se asegura el futuro de nuestra cultura.
Un refugio para adultos
Para los adultos, el taller funciona como una terapia necesaria. En medio del ajetreo diario de Arequipa, dedicar un par de horas a decorar un torito permite una desconexión total. Los participantes suelen llegar con el estrés del trabajo y se van con una sonrisa, llevando en sus manos una pieza que ellos mismos han dotado de intención. Es un proceso introspectivo donde cada pincelada refleja un deseo de protección o un anhelo de prosperidad para su propio hogar.
La técnica: Entre la tierra y el pincel
El proceso que se vive en la Casona Texao sigue los pasos tradicionales adaptados al entorno urbano. Comenzamos con la preparación de la pieza de arcilla, cuidando que la textura sea la adecuada. Luego viene el proceso de dar forma, donde la paciencia es la principal herramienta. Una vez que la figura ha secado y pasado por el proceso térmico, llega el momento del pintado.
Aunque el torito tradicional suele ser de color ocre o crema, hoy en día celebramos la libertad cromática. Diego orienta a los participantes en el uso de los colores: el rojo para la pasión y la fuerza, el verde para la esperanza y la conexión con la naturaleza, el blanco para la pureza y la paz. Cada participante se convierte en autor de su propio amuleto, haciendo que cada torito que sale de la Casona Texao sea único e irrepetible.
Invitación a la casa del arte
La Casona Texao, ubicada en la emblemática Calle Puente Grau 108, es mucho más que un edificio de sillar; es un organismo vivo que late al ritmo de nuestras tradiciones. Ser un Punto de Cultura nos compromete a seguir ofreciendo estos espacios donde el arte se siente, se toca y se vive.
Te invitamos a ser parte de esta experiencia transformadora. No importa si nunca has cogido un pincel o si no sabes nada de cerámica. El maestro Diego Ayamamani te guiará con esa calidez que solo los grandes artistas poseen. Ven con tus hijos, con tus padres o simplemente contigo mismo, y llévate a casa no solo un Torito de Pucará, sino un pedacito del alma de Puno y el calor de nuestra casona. Te esperamos para seguir construyendo juntos nuestra identidad, pincelada tras pincelada, en este rincón de Arequipa que siempre será tu casa.


